Aina Buforn, J.David Navarro, XX Salón del Manga Barcelona

¿Cómo llegó el manga a la reputada escuela de dibujo Joso?

J.David Navarro / Barcelona

La gracia de ir acompañado por dos personas con callo en esto del Salón del Manga es que no hay stand que no se les escape. Desde que recogí la acreditación de prensa, no he parado de escuchar entre mis compañeros la palabra “Joso”. Esta mañana, ya por imperativo, he querido conocer  quién se esconde detrás del pseudónimo de “Joso”. Y, me he encontrado, con José Solana, un señor que en 1982 abrió una escuela de dibujo en la ciudad de Barcelona. Su sueño era ofrecer clases profesionales de dibujo y, precisamente, encontró en los salones del cómic que en los ochenta se celebraban en la ciudad condal su lanzadera. “La primera vez que la escuela Joso tuvo un stand en el Salón del Cómic tenía 17 alumnos, nos fuimos con 60″.

Así comienza un cuenta y sigue de nuevas matrículas porque a día de hoy la escuela cuentan con unos 500 y se ha convertido en un referente en España y parte del extranjero. “Ayer mismo se matriculó un chico brasileño” cuenta Joso quien se alejó de la formación para dejar paso a los más jóvenes, ahora ejerce una función más representativa, la de director. Hace unos años, uno de esos alumnos extranjeros que se formaban en la escuela trajo consigo el manga a España. “¡¿A España?!” nos preguntamos soprendidos. “Estoy convencido” comenta Joso.

Era un alumno japonés. Después de estudiar una temporada en la escuela, tomaba rumbo vuelta a Asia. Durante su estancia en Barcelona, su pasión por el dibujo le había hecho acumular una gran colección de trabajos personales. Y decidió dejarlos en la escuela, era una caja de cartón, así que el chaval no tenía muchas ganas de facturarla en el avión. Cuando Joso abrió la caja, y de esto ya hace años, descubrió dibujos de personajes que por entonces triunfaban en Japón y otros países asiáticos como Dragon Ball. Era de las primeras veces que Joso veía en España este tipo de dibujos. Le sorprendió y decidió fotocopiar todo aquel material.

Entonces Joso subestimó la fuerza del cómic manga. “Pensé que aquello era una moda pasajera”. Una frase muy recurrente y que a veces, como en este caso, se vuelve en contra. La prueba es el lugar donde nos escontrábamos hablando: 50.000 metros cuadrados dedicados al manga por el que circulaban, hoy ya sí, una masa importante de consumidores de este género. Un estilo que -nunca se sabrá con exactitud- dejó en herencia un estudiante en una caja de cartón en una escuela de Barcelona antes de volver a casa. ¿No me digan que no sería una historia preciosa?

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